dimarts, 21 de setembre del 2010
Forrest Gump
Cuando vine a vivir a mi barrio, salía a la calle y me maravillaba día tras día al constatar que el 90% de mis vecinos eran jóvenes y guapos. Y si me preguntaban que qué tal por Gràcia, constestaba:
- Es una pasada, todos mis vecinos son jóvenes y guapos.
Un día, de repente, me cansé de oirme repetir la misma frase y, hoy, subiendo la calle, me he dado cuenta de que ya no es un hecho tan constatable... ¿En qué momento pasan las cosas a ser de otra manera? ¿En qué momento lo nuevo pasa a ser rutina y por qué perdemos la capacidad de sorprendernos de algo sólo porque ya lo conocemos? ¿Es que la gente de mi barrio ya no es guapa? ¿Han envejecido de golpe?
Un día me explicó una prima andaluza que su hija, con cinco años, vio llover por primera vez y no daba crédito a lo que veían sus ojos... Imagina lo que debe ser ver llover por primera vez cuando aún no sabes nada de las leyes de la naturaleza... ¡Cae agua de arriba y por todos lados! ¿No es increíble? Y todos los días pasan cosas alucinantes a nuestro alrededor, y en nosotros mismos, y no le prestamos la menor atención.
Cada día emito sonidos y la gente me entiende, cuando abro los ojos por la mañana veo formas y colores, puedo escuchar la música, el ruido de la gente, y cuando me ducho siento el agua correr por el cuerpo. El sol me calienta y me quema la piel, la lluvia me moja y la brisa me despeina, y en la playa la arena me acaricia la piel más dulcemente que ningún amante. Eso y mucho, mucho más me pasa todos los días, a cada instante, y yo me empeño en aburrirme, en sentirme así o asá, pero demasiado poco me fascino por la maravilla del vivir. Y vivir es maravilloso, siga o no siendo mi barrio el lugar con mayor población de gente guapa y joven del mundo entero.
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1 comentari:
Ha sido todo un placer leer estas palabras, gracias.
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