Ayer estuve recogiendo en casa de mis padres. Tantas mudanzas al final generan montones de cosas que sin darse mucha cuenta una acumula y acumula sin mucho sentido. La intención original: guardar aquello que creías tan importante. Con el paso del tiempo, sin embargo, te parece sólo papel y basura. Cada vez que hago limpieza en casa de mis padres intento desapegarme al máximo de todo. Pero siempre queda un reducto del cual me resulta súper complicado deshacerme.
Ayer conseguí dejar en una caja de zapatos casi todos mis recuerdos de la infancia y de la adolescencia. Tiré carnets de discotecas en las que hice muchas tonterías, pegatinas que nunca pegué y figuritas que Dios sabe por qué todavía guardaba. Revisé por encima las agendas de la universidad, que de nuevo fui incapaz de tirar. Me parecen pequeñas obras de arte de cuando hervía con la fiebre de los veinte: notas mías y de amigas, fotos de las exposiciones a las que fui, entradas de pelis, dibujos improvisados y frases geniales como ésta de Groucho:
«Es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar todas las dudas»
Así es que mejor callo, aunque seguramente ya sea demasiado tarde.
1 comentari:
hace poco leí que la memoria no la tenemos dentro (de hecho nunca la han podido localizar en el cerebro) así que podríamos "conectarnos" o acceder a cualquier momento del tiempo, sin guardar nada físicamente...
qué fácil sería!!
un beso,
A.
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