Creía que mis manos no habían cambiado con los años. Hasta hace poco.
Un día, de repente, en el espejo me vi las manos y pensé «¿Son mis manos? Vaya...» Nunca antes las había visto así... «¡Pero si me gustan!» No es que antes no me gustaran, es que ahora me encantan, me fascinan. Parecen tener una manera distinta de moverse, de colocarse, parecen posarse, son más elegantes. Es más, hacen cambiar la percepción que tengo de mí misma.
O quizá sea eso, quizá sea que lo que ha cambiado es la percepción que tengo sobre mí misma, y entonces me parece que hayan cambiado cosas, ¡qué digo cosas, partes de mi cuerpo! ¿No dice la ciencia que nos renovamos cada día con millones de células que nacen y mueren? Por vacío que pueda sonar, es cierto, somos creadores de nuestra propia vida ¡Qué paradójico y bonito es vivir!
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